Entramos por el sendero que nos conduce hacia lo desconocido... ese mundo ansioso por maravillar cada uno de nuestros sentidos, es Fénix, en sus diversas manifestaciones. Eros fénix, sapiencia fénix, valencia fénix, felicidad fénix...
Fueron las palabras introductorias del primer libro que Xavier leyó en el sexto grado de la primaria.
Vi la historia a través de sus ojos, lo retraído de su conducta, cuando sólo miraba a los niños de la calle jugando fútbol desde su ventana, y no tenía el valor para salir y preguntar si podía jugar con ellos. Fue su abuelo quien le dijo a esos chicos su nieto podía integrarse con ellos, la respuesta... esa misma tarde tocaron la puerta y lo invitaron al partido. Ezequiel, Jorge, Eliseo, Miguel, David, Julio, Manuel, Pedro y Luis serían en adelante sus compañeros de equipo, sus amigos... sus hermanos.
Era una gran época para ser un muchacho. Pues mientras en la mañana se cumplían con todos aquéllos deberes que la escuela exigía, por la tarde se disputaban la gloria de ser el mejor equipo de la cuadra.
Tenía pensamientos diversos, sabía que le gustaría ser una persona importante de grande. Y para eso tenía la figura de su tío Mario, un abogado, muy estricto en cuanto al trato con sus clientes y familia, porque conocía muy bien la cara dura de la vida, pero también gustaba de gastar bromas a la menor provocación. Las charlas con él eran interminables porque quienes lo conocían opinaban que era una enciclopedia. Probablemente ese era uno de los razgos que más admiraba Xavier de su tío; la gran cantidad de información y conocimiento que vertía en sus palabras, en sus comentarios.
Diez años después no imaginaría la gran pena que embargaría la triste despedida al tío Mario cuando cerraron su ataúd.



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